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Magritte - Les amants


fernando berton
junio, 2017
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El infinito a la vuelta de la esquina

En esta oportunidad vamos a analizar La incendiada del espejo primer libro de poemas de Nerina Coronel, editado por Peces de ciudad, y que se presentó en el bar Espiche, de Humberto 1° al 400, el pasado 30 de julio de 2016.
Es un placer enorme para el escriba comentar este libro de una amiga y compañera de estudios en los últimos años.






TrípticosVamos a abordar la lectura de La incendiada a partir de sus tópicos, y que vamos a dividir en tres: i.Las manos que hacen (y deshacen, y rompen) ii.Las cenizas del incendio iii.Los espejos que le muestran a la yo poética lo que es, o lo que no es, o lo que no quiere ser. La incendiada del espejo es un poemario que funciona (aunque no solamente) sobre este tríptico temático y se abre a los ojos del lector en distintas capas. Hace que cada poema re signifique al anterior, aún cuando a priori pareciera que estuviesen desconectados. En efecto, a medida que avanzamos en la lectura, notamos que lo dicho antes vuelve a ser dicho, aunque con algún cambio suti…

Todo el ganado perdido

Un gran recurso del ensayista -y del contador de cuentos- es decir, para introducir el tema, "cuando venía para acá se me ocurrió que....", o bien, "ya lo dijo antes -y mejor- tal o cual....". Y una tercera, no menos importante, es la ocupatio, -que no es un invasor de patios- que consiste en decir "yo no les voy a contar la historia de....", o bien "yo no soy quien para opinar sobre este tema, pero...." y después uno se despacha con cantidad de cosas sobre lo que no iba a decir o no tenía altura para opinar sobre.

En esta ocasión, intentaré un recurso híbrido. Porque el texto que da título al libro de Idez lo leí esta mañana, pero mentiría si dijera que venía para acá, pues iba a trabajar. Es decir, no venía, iba. Y sería una flagrante contradicción decir "cuando iba para acá".

Entonces, para ser franco, diré que "esta mañana, cuando iba en el colectivo", que se ajusta más a la realidad. Y tomé el colectivo en vez del tren …

Y nada más importa

Tierra Partida nos da la sensación de estar empezada para cuando nos sentamos en nuestras butacas: payasas que nos conducen a los gritos y con simpatía, músicos en lo que más tarde será la escena, narradores que nos dan la bienvenida. Narradores que, en breve, nos dirán de qué va la cosa: hacer una obra de teatro como si fuera un país.

Para ello, en una mezcla de circo, sainete y grotesco, diecinueve actores y de cuatro a seis músicos, nos harán un recorrido más que interesante entre los finales de la Revolución de Mayo de 1810 y la firma de la Constitución de 1853.


En la ficción que nos propone Tierra Partida, dos historiadores (¿dos Historias?) -Monterroso y García-, nos cuentan cómo un país se libera del colonialismo español, y, lograda la Libertad, lo demás no importa nada. Así, a partir de este subtitulo, van surgiendo consignas de lo más variadas, primero; de lo más contrapuestas después, para terminar en guerras civiles, matanzas, golpes de estado, exterminio (de nativos, mayor…